Poèmes

Cantata a la Mujer Del Harem

par Amir Ibn Tawfik

¡Oh, mujer!
ante el preludio que nace, ¡sonreid!

He seguido el peregrinaje del Sol,
Mas yo,
Con la mirada perdida en las dudas,
Dejo escapar mi solitaria espera,
Volando cual ave rapaz,
Libre, siempre libre por los cielos,
¡Son mis sueños!

¡Oh, mujer!
Dejad que tu corazón reboce de emoción

Temo a la noche,
Esperando que la luna
Tienda sus redes y capture tantas estrellas,
Y muera el cielo.
Así llegará el día,
Sin alma,
Trayendo al nuevo Sol,
Vagando conciente por el espacio.
Oro a Allah,
anhelo ser libre,
como el viento que viene del Norte.
Y
En silencio me pregunto:
¡Los dioses no suelen escuchar a la mujer?

¡Oh, mujer!
Allah, esta siempre contigo.

Sueño,
Cada amanecer en querer alcanzar la ilusión,
Que mi corazón de amante hembra,
Canta,
Cuando las siluetas tejen mis sueños.
El viento esparce mis palabras,
Semillas de polen,
Vuelan y vuelan
Hasta morder tu tierra y sepultarme en tu carne,
Amante mío, gran “muruwa”,
Cuyo fruto con tu imagen,
nacerá mañana.

¡Oh, mujer!
Eres la vida y la descendencia.

¡Ruego,
a los dioses!
Ellos
parecen estar sordos,
¿llegara a su alma mi oración?
¿Pregunto?
¡Que sea varón!
No mujer,
Susurro,
o será una nueva esclava como yo.
Y
festín
En las alcobas del harem.

¡Oh, mujer!
Dejad que tu alma cante al mañana.

Mis lágrimas que la tristeza pinta,
Ruedan por la estéril tierra de mi padre,
Pisoteadas por las ovejas,
Que comen del escaso musgo de los oasis.
La única herencia que dejaron,
Es el ancho desierto,
y
Por donde se fueron al mas allá,
Sin antes venderme por unas cuantas monedas.

¡Oh, mujer!
Sonríe que la luz de la aurora besa tu fino rostro.

Mis lágrimas vertidas,
Regaron las semillas
Y
Broto la tierra,
volviendo la vida a la comarca.
Cubriendo mi rostro con el velo,
Admiro al nuevo día que promete ser mejor.
Siento que existo,
Y deseo el amor.
Ya vendré mi amante,
Desde “misr”
Lo anuncia el calor,
Que derrite mi corazón,
Noche tras noche.

¡Oh, mujer!
Deja que la paciencia deleite tu ánimo.

El día se va como ayer,
Y mientras agoniza el atardecer,
Alzando una multicolor cortina de tul,
Escucho a mi corazón latir,
Con el presentimiento que él,
Por fin a de venir,
Algún día.
Y
Silencioso estará en mi alcoba,
Sembrará de besos,
perfumado desnudo cuerpo,
que tembloroso,
Susurrara la pasión.

¡Oh, mujer!
Nunca es tarde para amar de nuevo.

Se ha vertido de estrellas el cielo,
El destello marca el camino de la esperanza,
Al final de las montañas,
Están los valles, con abundante maná.
Alimento para los camellos,
Frutos silvestres para calmar la sed.
Escucho el silencio,
Entonar al descanso,
dormito.

¡Oh, mujer!
Abre tu corazón y tendrás bendición.

Se
Escuchó la voz del almuecín
Llamar a la oración.
Todos encaminaron al “masyid”
Y
mientras dormitaba,
una mano acarició mi cabello.
Mi amante joven,
Lozano y altivo se mostraba para mi sorpresa.
Deshoja mis pétalos,
Mientras besa cada espacio de mí.
Respondo, con la furia del monzón,
Arañando fornido cuerpo.
Alzándome,
Se sumerge en mis secretos,
Y un concierto de aullidos,
Sinfonía de gemidos,
Explotamos dejando escapar la ardiente vertiente,
Que riega nuestros muslos.
Sin darnos cuenta,
El cansancio nos sorprende,
Luego de tantos viajes.

¡Oh, mujer!,
El amor ha veces nos traiciona, sin querer.

¡Ay!
Dios de los dioses del desierto.
Desgarrado mi corazón,
Ora con sumiso arrepentimiento,
Mientras espero,
La suerte que mi vida correrá.
El miedo es mi fortaleza,
Y
camino erguida,
Por las callejuelas,
Rodeada de guardias,
Mientras el pueblo escupe mi rostro.

¿Oh, buena mujer!
La traición de tu amor, es sangre para la tierra.

El joven amante,
Encadenada sus manos a la espalda,
La cabeza coloca,
El verdugo sonriendo,
Seca con el dorso de la mano, su babienta boca.
El hacha,
Es como un relámpago por el intenso brillo,
Se alza sedienta
Y cae con furia,
Rodando la joven cabeza del furtivo amante,
Quien ni un solo gemido de su boca escapa.
El amor,
¡Fue más fuerte que el dolor!

Oh, dulce mujer!
Que trágico destino, jóvenes corazones desafiaron.

Enterrada,
Mi cabeza en lo alto de la duna,
Soy pasto de las piedras,
Que golpean mi cabeza
Que apenas asoma sobre la arena.
El pueblo ríe y goza,
Con el dolor ajeno.
Pobres de alma y pasión,
Ignoran el verdadero amor.
Solo se,
Que los dioses me han perdonado,
Pues una luz brillante me cubre,
Y
Una figura se acerca,
Escucho en mi aturdimiento,
Los cánticos de las huríes,
Que bailan a mi alrededor,
Al abrir mis ojos,
¡Emerge el jardín sagrado!
Entonces:
¡Lloro!
Y exclamo:
“la ilab, illa lil lab wa Muhammad rasul Allah”

Amir Ibn Taufik
aamiribn@yahoo.com
Mayo, 2005-05-26
Lebanese Union of Overseas for the Sovereignty of the Lebanon
Project Manager / Research Assistant
Lebanese Emigration Research Center (LERC)
Notre Dame University - Louaize
Cultural Patrimony NDU
From: Notre Dame University-Zouk Mosbeh
Copyright ©: Lebanese Emigration Research Center

Extrait de: 
my life

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